Nuestra ciudadanía americana… De segunda, ni que de segunda…

Después del paso del Huracán María me he quedado anonada con los disparates que repite y riega la gente con respecto a nuestra ciudadanía americana.  Que si tenemos una ciudadanía americana de segunda clase, que si cerraron la oficina de pasaportes para que no se pudiera mudar la gente al “mainland”, que si nuestra ciudadanía no sirve para nada, que si 70,000 puertorriqueños “emigraron” … No sé cuántas barbaridades más he leído y me quedo con la boca abierta.

Desde que me mudé de Puerto Rico he tenido la oportunidad de trabajar para una compañía privada que tiene un contrato con inmigración, específicamente USCIS y a la verdad que he aprendido tanto y tanto, me fascina lo que hago y me ha dado la oportunidad de ver el otro lado de la moneda.

Primero voy a empezar por mi experiencia antes de este trabajo. Yo compré cinco pasajes de JetBlue, mi esposo, mi hija, mis dos gatos Bruno y Mauricio y yo.  Nos montamos en el avión y nos fuimos felices.  Nadie me preguntó en Fort Lauderdale a que venía, ni por qué no tenía boleto de regreso.  No me preguntaron si tenía dinero para mantenerme y no ser una carga para el estado durante mi estadía, me mudé feliz, como si hubiera salido de San Juan a vivir en Barranquitas, como si nada.

Mi esposo tenía trabajo y yo estaba buscando empleo, para ese tiempo no estábamos casados.  Como mi hija era menor de 18 años enseguida me dieron Medicaid, o sea, ya no tenía que pagar plan médico, cosa que es obligatoria en USA. Saqué mi licencia, me registré para votar y felizmente voté en las elecciones.  Todo muy tranquilo, fluyendo naturalmente y lo dice una persona que no tiene ni pasaporte pues a donde más lejos he viajado es a Canadá y entré con mi certificado de nacimiento.

Ahora voy a hablar de mi experiencia en el trabajo con el contrato de USCIS, lo que he aprendido y las historias que escucho a diario.  Primero, nosotros los puertorriqueños NO somos inmigrantes cuando nos mudamos al “mainland”.  Un inmigrante puede ser uno ilegal y están los inmigrantes que lo hacen por la vía legal.  Para usted inmigrar a Estados Unidos por la vía legal existen varias formas.  La más popular es que un familiar haga una petición por usted. Ese familiar se compromete a ser su “sponsor” o sea se compromete a mantenerlo y garantiza que el inmigrante no será un cargo para el lugar donde se muda y que no va a recibir beneficios del gobierno, entre otras cosas.  Cuando esta petición es aprobaba, que puede tomar hasta años por la cantidad inmensa de peticiones que se reciben (también depende de si usted es ciudadano o residente y de a quién está pidiendo), entonces pasa el Centro Nacional de Visas del Departamento de Estado (NVC por sus siglas en inglés).  Una vez allí, el familiar beneficiario de la petición estará esperando por una visa de inmigrante.  Esto puede tomar desde meses hasta 10, 12, 15 o más años (si no me cree vaya a www.travel.state.gov y busque “visa bulletin”). Esto es así porque la cantidad de visas que se solicitan al año excede el número de visas disponibles. La realidad, aunque a muchos no le guste leerla, es que mucha gente sueña con poder inmigrar a los Estados Unidos.

Ahora hablemos de personas que se encuentran en países donde hay tremenda crisis como por ejemplo Venezuela, Siria, Honduras, El Salvador (por mencionar algunos).  Para estas personas inmigrar a los EEUU es bastante difícil.  Por ejemplo, Honduras y El Salvador tienen ahora mismo TPS, estatus de protección temporal.  El TPS dura alrededor de 18 meses entonces se revisa y se decide si se extiende o si se elimina.  Se elimina en el momento en que se determina que estas personas están ya seguras para volver a su país.  Hay gente que después de veinte años con TPS tienen que regresar a su país, las he visto llorar.  Encima, el tiempo acumulado mientras se está en TPS es tiempo ilegal y la entrada tampoco se considera legal, así que si a usted le hacen una petición estando en TPS tiene que pedir un perdón que si no es otorgado se tiene que ir a su país por diez años antes de poder pedir entrar nuevamente a USA.

Otras personas entran por asilo.  Estas personas se tienen que acercar a un puerto de entrada de los Estados Unidos y pedir asilo.  Luego llenan un formulario para hacer la petición y se le pone un pare a cualquier acto de deportación. Se les entrega una tarjeta de autorización de empleo para que puedan trabajar en lo que se ve el caso y no todas las peticiones de asilo son concedidas.  Y ni hablar del trabajo que pasan muchos para poder acercarse a un puerto de entrada de EEUU.

Muchos otros entran con visas ya sea de estudiante, de turista, de trabajo y buscan maneras de cambiar de categoría de visa o prolongar su estadía en los Estados Unidos.  Las personas que entran con visa son no-inmigrantes y su estadía no conduce a ningún estatus a menos que se casen con un ciudadano americano y este les haga una petición.  Entonces la persona puede ajustar estatus para convertirse en residente permanente siempre y cuando haya hecho una entrada legal.  Las personas con visa de estudiante no pueden trabajar, solo estudiar y deben probar que tienen que recursos para mantenerse.

Y así, día a día, hablo con muchas personas que están buscando cuanta opción hay y cuanto milagro existe para poder permanecer en o entrar a los Estados Unidos.

Entonces leo a los puertorriqueños en las redes hablando pestes de USA pero cuando los huevos se ponen a peseta arrancan rápidamente para acá, con una mano adelante y la otra por detrás y exigiendo ayudas.  Me los imagino si tuvieran que tirarse en balsa para Florida o las Islas Vírgenes a pedir asilo o TPS…

Para que quede claro ni la ciudadanía mía, ni la suya, ni la de su vecino, ni la de Rubén Berríos o la de Carmen Yulín son ciudadanías de segunda.  Lo que es de segunda es el territorio por el estatus COLONIAL en el que se encuentra.

Así que, en vez de llorar y lamentarse por su islita, amárrese los pantalones y decida qué camino quiere que siga Puerto Rico, pero la colonia es la mentira más grande del ELA y está súper comprobado que no funciona, no sirve, no pare más.

Si quiere aprender más visite www.uscis.gov

Viendo a Puerto Rico desde la distancia

Ya llevo un año y ocho meses fuera de Puerto Rico y he estado reflexionando sobre esta transición; cómo ha cambiado mi mentalidad, cómo he comprendido el insularismo cuando veo a Puerto Rico desde la distancia, cómo este cambio me ha beneficiado como persona y cómo me ha ayudado a comprender a otros.

He escrito anteriormente que mi familia hacía mucho tiempo que se había ido de Puerto Rico.  En aquel momento yo decidí quedarme a pesar de los miles de contratiempos que enfrentaba. Mi único consuelo era repetir esa frasesita clichosa que todos conocemos:  “estoy luchando por mi islita”.   Y así lo hice, contra viento y marea.

Durante ese tiempo, hice todo lo posible por conseguir trabajo, por apoyar a los comerciantes locales y hasta abrí mi propia compañía.  No hice muchas más, porque la realidad es que no había mucho que yo pudiera hacer para “luchar por mi islita”.  Por lo único que luchaba era por mí y por lograr sacar los pies del plato.  Esa era mi realidad.  No creo que mis taxes hayan hecho una gran diferencia en las arcas de Hacienda, ni que mi trabajo haya ayudado en algo a sacar a Puerto Rico del lugar donde se encuentra.

Después de varios años desempleada, en los que NO estuve sentada llorando en mi casa viendo Caso Cerrado o La Comay, sino que estuve del tingo al tango haciendo todo lo que aparecía que me pudiera generar ingresos para poder sobrevivir la crisis, conseguí un trabajo bastante bueno donde me pagaban $15.00 por hora. Digo “bastante bueno” considerando que mi hija estudiaba en la Central High, o sea, que no tenía que pagar escuela privada y que mi carro estaba saldo.   La realidad es que no hay manera de vivir tranquilo en Puerto Rico pagando renta, luz, agua, compra, celular, escuela, gasolina, carro y las misas sueltas con un salario de $15.00 por hora, si es que tienes la suerte de conseguir un trabajo que te pague eso.  Y sí, sé lo que es ganarse $7.25 por hora y admiro a todos los que hacen milagros para vivir con ese sueldo.

El 21 de diciembre del 2014 me fui de Puerto Rico y decidí comenzar mi vida en el mainland.  Ahí empezó mi metamorfosis.

Lo primero que descubrí es que yo estaba infectada con el insularismo.  Me di cuenta con el tiempo cuando empecé a leer en Facebook o en las páginas de los periódicos locales a la gente defendiendo a Puerto Rico contra viento y marea. Escriben que su isla es lo mejor que existe en este planeta, insisten que en Puerto Rico el crimen no está malo porque que en Estados Unidos hay tiroteos, que los que nos vamos lo que hacemos es hablar mal de la isla y todas esas cosas que ahora, no me queda más remedio que leer y suspirar.   Cada vez que leo esos argumentos no puedo evitar decirme: “wow, yo estaba así, ciega”.

Dice un refrán que “nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la menea”.  La cosa es que yo no era la cuchara que meneaba la olla, yo estaba adentro de la olla y la estaban meneando bien duro desde afuera.  A veces hay que salir de la olla par poder ver de verdad cómo es la cuchara y  cuál es el meneo.

Los primeros ocho meses los pasé en Fort Lauderdale, Florida y actualmente vivo en London, Kentucky.  Lo único que extraño de Florida es a mi familia y amigos. Florida es un estado bello y sé que muchos disfrutan de vivir allí, pero no es para mí.  Después de mudarme a Kentucky y visitar varios estados aledaños, me identifico más con la vida aquí.   Aquí se vive mucho más tranquilo, disfruto de las cuatro estaciones, hay más oportunidades de empleo para las personas bilingües y el costo de vida es más bajo.

Volviendo al tema, los primeros seis meses fueron chocantes.  No me ubicaba, llevaba 44 años viviendo en Puerto Rico y ahora me tocaba empezar en un lugar nuevo.  Extrañé, lloré, me di contra la pared varias veces (porque los cambios son cambios y, valga la redundancia, tenemos que cambiar), hasta que todo empezó a caer en tiempo.  Fue de repente, amanecí un día e hice como canta la Trevi:  “me solté el cabello y me vestí de reina, me puse tacones” y empecé a disfrutar de mi nueva vida.

En cuanto a la relación con mis paisanos que viven en “la olla” pasé por varias etapas.  La primera etapa es la de no poder criticar ni opinar nada de Puerto Rico en alguna red social porque hasta me insultaban.  Luego pasé por la etapa de criticar todo, aunque me cayeran “chinches” y siento que ahora estoy entrando en una etapa de desconexión.

Este sentimiento de desconexión me causó curiosidad y me puse a buscar en el internet.  En mi búsqueda, encontré varios blogs de puertorriqueños en la diáspora.  Al ver sus páginas me di cuenta que en un momento dado casi todos dejaron de escribir y lo primero que pensé fue: “wow, se desconectaron, como me está pasando a mí”.

Yo le atribuyo esa desconexión a varias cosas.  Para empezar: encontraste un nuevo camino, te quitaste las vendas del insularismo, disfrutas de este nuevo estilo de vida y viste que hay un mundo gigantesco lleno de oportunidades fuera de la isla.

Segundo: lo que ves de Puerto Rico desde la distancia te apena, pero ya perdiste tus derechos a opinar porque te fuiste.   Es inevitable entrar a alguna de las redes sociales y ver a las personas que viven en la isla quejarse todo el tiempo: “no tengo luz”, “más impuestos”, “aquí no se puede vivir”, “el crimen no para”, “esto va de mal en peor”, “más negocios cerrando”, “se van los doctores de la isla”, “Macondo”…  Pero, como el que se fue ya no puede opinar ni comentar, y cuando lo haces siempre pasas por una experiencia desagradable, te empiezas a distanciar de la crisis.  Has sido expulsado de ese grupo exclusivo de patriotas “verdaderos” que sí pueden opinar “porque son los que se están chupando el problema día a día”; como si ese día a día no fuera la razón por la cual nos hemos visto obligados a mudarnos.

El tiempo va pasando y te dejas de identificar con ellos y con el drama.  Sí, te es súper familiar porque lo viviste en carne propia pero ya no te atañe según los que, por las razones que sean, han decidido quedarse en Puerto Rico.  Entonces, como ellos pueden escribirlo pero tú no puedes ni comentar, poco a poco empiezas a perder el interés y vas enfocando todas tus energías en tu nueva vida.

Ahora entiendo a esas personas que llevan largos años fuera de la isla y no saben nada de lo que pasa allá; y hasta a los que cuando les saco el tema de alguna situación que me preocupa me contestan: “no sé, ni me importa” o “nena, yo me divorcié de Puerto Rico hacen años”.

*Disclaimer:  No me refiero a TODOS los puertorriqueños, pero sí me refiero a MUCHOS.

 

Receta: Picadillo “cubano”

Ayer hice picadillo “cubano” y varias personas me pidieron la receta.  Pongo cubano entre comillas, porque mi esposo, quien salió de Cuba en el 2010, se rie mucho mies recetas y cómo yo me complico la vida para conseguir todos y cada uno de los ingredientes.   Me dice: “yo no puedo con estas recetas (esto aplica a todas) con tanto ingrediente, que si bacon, que si pasas, que si sazón, que si carne de res… en Cuba se cocina con lo que haya, mi abuela hasta le echaba queso crema a los frijoles cuando no conseguíamos mantequilla o aceite.   ¿Cuantas libras de carne lleva esa receta, tres? Si encuentras una libra de carne en Cuba eres afortunado”.

Aquí les dejo mi receta que no falla.

Por cada libra de carne molida vas a añadir los siguientes ingredientes:

2 cuchardas de sofrito
1 sobre de sazón con achiote
4 cucharadas de salsa de tomate
2 cuchadaras de sazón completo Badía
Aceitunas y pasas a gusto
*Le puedes echar papitas picadas si quieres, pero recuerda cocinarlas antes
Yo echo la carne en un bowl, añado todos los ingredientes para sazonarla, la  cocino en un sartén, le echo  muchas pasas y aceitunas y listo. El picadillo se puede servir con un arrocito blanco por el lado o hasta con congrí.  Unos “amarillos”  no vendrían nada mal.  ¡Suerte que aquí en London vende Badía!  Para mi ese producto es indispensable.  Me cuentan como les queda si alguien la hace.
¡Buen provecho!

 

Mi primera nevada

Cuando me mudé a London una de las emociones más grandes era ver nieve.  Nunca había visto nieve y el hecho de que nevara en cualquier momento me tenía súper emocionada.  De más está decir que fui una exagerada comprando ropa de invierno, ya con el tiempo aprendí que no necesito tanto, que tengo que vestirme en layers y que me veia bien ridícula con tanto abrigo, pero es tema para otro post.

Yo me mudé a London en Agosto del 2015 y la gente me deciía que en octubre del año pasado había nevado.  Yo, como buena newbie, estaba esperando nieve en octubre cuando el clima todavía estaba en los 70, en noviembre, en diciembre cuando el clima seguía en los 70.  Nada, casi se pasa el invierno entero y cero nieve.  Yo estaba bastante molesta porque no acababa de nevar.

Para resumir la historia, no nevó hasta marzo del 2016.  Anunciaron una tormenta de nieve y la naturaleza se encargó de enviar suficiente para que yo no quisiera ver más hasta el próximo invierno.  La tormenta dejó 18″ de nieve, estuvimos encerrados en la casa cuatro días, descubrí lo que era es el “cabin fever”.

La gente tiene la idea de que caen 3″ pulgadas de nieve y enseguida hay que palear.  Eso no es así, cuando caen 18″ pulgadas de nieve se palea, cuando caen 3″, 4″ o 5″ eso se derrite solo.  Además, cuando se anuncia nieve se echa sal y ya eso ayuda con el proceso de que todo se derrita.  Así que cuando vean fotos de sus amigos disfrutando de la nieve no piensen que la nieve no se disfruta.  Yo me la disfruto y es hermoso verla caer.

Anyway, esta vez nos tocó palear y limpiar el carro.  Aquí les dejo una breve demostración de mis infalibles técnicas para limpiar el carro.